• Sarah Fernandes

El desafío de alimentar a 9.700 millones de personas


Con el aumento de la esperanza de vida, el número de personas que habitan la Tierra sigue aumentando a un ritmo imparable. Sin embargo, el planeta ya se encuentra actualmente al límite para regenerar los recursos necesarios para mantener a la población, incluso teniendo en cuenta que cerca 690 millones de personas pasan hambre en el mundo, según el Informe sobre el Estado de la Seguridad Alimentaria y Nutrición en el Mundo en 2020 publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).


Según recientes estadísticas de la ONU, en 2050 la población mundial será de 9.700 millones de personas. Para alimentar a esta población la producción de alimentos deberá aumentar más de un 70%. La producción anual de cereales, por ejemplo, tendrá que aumentar desde los 2.100 millones de toneladas actuales hasta más de 3.000 millones, y la producción anual de carne deberá aumentar en más de 200 millones de toneladas hasta alcanzar los 470 millones. Sin embargo, la Tierra tiene recursos limitados y según un estudio de 2019 del World Resources Institute, la agricultura ya utiliza el 90% del agua utilizada, genera el 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero y ocupa casi el 50% de las tierras con vegetación del mundo. Por ello, para combatir la escasez de alimentos, ya se están planteando una serie de soluciones para aumentar la producción sin perjudicar la Tierra.


Avanzar hacia un modelo alimentario sin carne.


La solución más destacada es el cambio de régimen alimentario, y más específicamente la transición hacia un régimen sin carne. De hecho, el problema con la ganadería es la gran cantidad de recursos que necesita, ya sea al nivel de tierras, de agua o de cereales para dar de comer al ganado. Por ejemplo, la producción de 1kg de carne necesita más de 1.000 litros de agua (además del agua pluvial), según la Academia de Agricultura de Francia.


Sin embargo, el informe de 2019 del World Resources Institute (WRI) demuestra que dejar de comer carne no será suficiente. De hecho, eso solo permitiría reducir la mitad del ahorro de tierra y emisiones que permitiría la reducción de todos los alimentos de origen animal (leche, huevos, etc.). Pero, el hecho es que este llamado “régimen vegano” ocasiona criticas ya que la carne y sus derivados proporcionan proteínas indispensables al cuerpo humano.


Para solucionar este problema, hay científicos, incluso la FAO, que aconsejan comer insectos. De hecho, estos podrían reemplazar la carne en nuestra alimentación porque representan tantas proteínas, pero sin la desventaja del gran volumen de tierras, de agua y otros recursos necesarios para la granja. Por ejemplo, se necesitan entre 8 y 10kg de vegetales para producir 1kg de carne, mientras que se necesitan solo 2kg para 1kg de insectos. Y lo mismo pasa con el agua y la tierra.

La otra ventaja de los insectos en comparación con el ganado es el impacto sobre el cambio climático. Según Greenpeace, la ganadería representa más del 14% de las emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente mediante el metano. Los insectos producen mucho menos gases de efecto invernadero y la mayoría de ellos no producen metano en absoluto.


No obstante, tal cambio en nuestra alimentación occidental no será aceptado muy fácilmente por todos los consumidores. Mientras que la alimentación a base de insectos forma parte de la cultura de numerosos países orientales, esta práctica sigue siendo asquerosa para los Occidentales. Por lo tanto, si una transición hacia un régimen alimentario con menos carne y más insectos debe tener lugar, se haría poco a poco con los años.


Disminuir el desperdicio alimentario


El otro gran problema actual que tendremos que arreglar en el futuro si queremos que haya suficiente alimento para todo el mundo, es el desperdicio de alimentos. Hoy, casi mil millones de toneladas de alimentos se desperdician cada año, según un reciente informe de la ONU. Eso representa el 20% de los alimentos disponibles en el mundo. La gran mayoría del desperdicio ocurre en los hogares, de cualquier país, que sea desarrollado o en vías de desarrollo, lo que pone de relieve una paradoja ya que 700 millones de personas a través del mundo sufren del hambre aún según la ONU. Además, según la FAO, un 14% de los alimentos producidos que acaban en la basura antes de llegar al mercado, una realidad cada vez más problemática a medida que los alimentos son cada vez más preciados y raros.


Pero, aun si conseguimos reducir el desperdicio no será suficiente, el problema sigue siendo el mismo: ¿Cómo producir más sobre un espacio que no aumenta?


El papel de la ciencia


En esta batalla, las innovaciones tecnológicas y científicas van a ser clave: nos permitirán ser más imaginativos que nunca, ya que aportarán soluciones que parecen sacadas de libros de ciencia ficción. No obstante, hay todavía pocas inversiones para innovar en la agricultura a fin de convertirla en un sistema sostenible a largo plazo.

Una de las ideas más surrealistas es imprimir nuestra comida. La impresión 3D es una tecnología que se ha vuelto cada vez más corriente, pero algunos científicos quieren ir más allá con la impresión de alimentos. Una impresora 3D de chocolate ya puede comprarse, pero la impresión de otros alimentos como pizzas, pasteles, así como de carne, continúa en vía de desarrollo. Es que imprimir algo “vivo” es mucho más difícil que imprimir chocolate.


Otra solución para enfrentar el cambio climático y la escasez de agua sería rescatar semillas del pasado, que tienen mejores calidades para resistir a la sequía, entre otros. Con el mismo objetivo, científicos están también desarrollando sustancias que permitirían a las plantas reducir sus necesidades de agua. Es un tipo de tecnología muy parecida a los transgénicos, pues hablamos de cultivos transformados para resistir a todo y a menudo permitir un mejor rendimiento.



La cuestión que se plantea es cómo conseguir producir más y mejor, ya que ahora mismo la situación es insostenible. De hecho, para alimentar a toda la población futura con la tecnología actual sería necesario aumentar la producción con una agricultura intensiva y productos no naturales, un tipo de cultivo que destruye a la Tierra y hace más difícil producir: escasez de agua, contaminación del suelo, destrucción de la biodiversidad, cambio climático, etc. Por lo tanto, debemos encontrar modelos de producción agrícola y de consumo más sostenibles, como la agroecología, que consiste en una diversificación de los cultivos sobre un mismo terreno para aprovechar las posibles sinergias entre todas las especies y desarrollar su resiliencia.

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